/* */ La Bruja de Abril
Hoy llegué tarde al trabajo por culpa de los puestos ambulantes repletos de flores, globos y peluches que pululan por todas partes derramando melcocha.

No es que tenga algo contra San Valentín, pero creo que el hecho de que el Grandote no esté conmigo para irnos al Zócalo a contribuir con nuestro granito de arena para romper el record de los besos, me ha transformado en Grinch Sanvalentinesco. En fin...

Esta mañana mientras esperábamos a que fluyera el tráfico, me puse a mirar gente: hombres con ramos de flores, mujeres curioseando entre los regalos y las tarjetas. Chicas con la ilución en el rostro; me imagino que pensando en el efecto que produciría el regalo que acababan de adquirir. No, si en realidad no odio San Valentín, pero estarán de acuerdo en que un día del amor sin galán, pues nomás no sabe.

Sin querer, mi mente encontró el baúl de los recuerdos y me transporté a la facultad de Química, un viernes hace 22 febreros (uyyyyy, acabo de caer en la cuenta de que 22 son muchos).

Aquel día recibí como regalo una tarjeta con un Emilio en la portada
diciendo: ¡Te quiero!, solo eso.

Un corazón de amaranto dentro de una bolsa de fritos. A modo de broma, bien nutritivo y dietético, pues siempre me quejaba de que estaba gorda. Pero lo que más me gustó (y que aún conservo) es un ejemplar del Maravilloso viaje de Niels Holgerson.

Aún recuerdo al Fantasma con sus grandes ojos claros con pintitas verdes y su rostro expectante al entregarme el libro. Sabía que el regalo daría en el clavo, pues esa historía tiene un significado especial para mi.

Después... un tierno abrazo y un largo y dulce beso...

Tres mosqueteras en el Real


Ayer Silvia, Maribel y yo, nos reunimos en Real del Monte.
Se supone que mis vacaciones debieron comenzar ayer, pero de última hora nos avisaron que el martes en las caballerizas tenemos Inspección de Secretaría del Trabajo, y como ya hemos pospuesto varias veces la reunión, hoy a las 7:00 am salí de mi casa rumbo al Real.
Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, y como siempre, fué un gran placer disfrutar de su compañía.
Hay que reconocer que el tiempo no nos alcanzó para contarnos todo lo ocurrido desde que dejamos de vernos.
El desayuno en el Serranillo como siempre delicioso, platicamos super agusto y me reí como hace mucho no lo hacía.
Gracias amigochas por regalarme un día de cumpleaños tan agradable.


Me da mucho gusto comprobar que entre nosotras nada ha cambiado.


Fué un día casi perfecto y digo "casi" porque nos hizo mucha falta Giselita. Reportate con cualquiera de nosotras Gis te extrañamos mucho.

Tratado de filosofía felina

Hace poco dije que quiero tener un gato igual a Mishima, porque Dominó (mi gato), no es un gato normal. Es muy uraño y se pasa de independiente, nisiquiera se deja acariciar. Yo quiero un gatito que se deje consentir.

Me gustan los gatos porque te enseñan a saltar sin caerte y a ronronear cuando te sientes feliz.
Además saben manejar de una manera excelente tres de las áreas más importantes de la vida:
  1. VIDA ESPIRITUAL. Los gatos son grandes meditadores, no consumen energía en estados intermedios. O actúan o descansan. Cuando actúan , lo hacen como si les fuera la vida en ello. Cuando descansan, es como si nunca más fueran a levantarse. No pierden el tiempo dudando.
  2. VIDA EMOCIONAL. Los gatos son muy listos. No vienen a ti si pueden lograr que tu vayas a ellos. Prefieren dejarse amar a arriesgar sus sentimientos poniéndolos de manifiesto. Hacen sin hacer y gobiernan sin gobernar. No piden cariño y por eso lo obtienen sin pedirlo.
  3. VIDA SENSORIAL. A menudo dejamos escapar oportunidades porque no somos conscientes de ellas. Los felinos aguzan sus sentidos, controlan su entorno y están alerta ante el más pequeño cambio. Su aparente calma es en realidad concentración.

Los gatos nos enseñan que el secreto reside en abrir bien los ojos y saltar sin miedo cuando ha llegado el momento

amor en minúscula


El martes pasado fui al super y al vagar por los pasillos fui a dar a la zona de libros, hace mucho que no hacía eso, casi siempre ando de prisa, pero ya necesitaba algo que me sacudiera la tristeza y como los libros son un buen antídoto contra la melancolía...
Empecé a curiosear sin mucho ánimo, cuando de pronto la mirada curiosa del gatito de la portada encontró la mía. Siempre he pensado que los libros te encuentran cuando más necesitas aprender algo de ellos y este, me encontró a mi.
No haré una reseña del libro (léanlo), pero hay pasajes que me han gustado, los he ido subrayando y de esos si iré contándoles poco a poco.
Encontre un concepto que me gustó:
Satori
El autor define un Satori como un momento mágico donde no se siente pasar el tiempo.
Samuel (el protagonista), no recuerda haber vivido un momento así en su vida, pero después se da cuenta de que si ha tenido un satori (ya les dije que no les voy a contar, léanlo).
La experiencia de Samuel me hizo recordar los Sátori que he vivido y me hizo pensar en los que más he disfrutado ultimamente. Veamos, momentos mágicos donde siento que el tiempo no pasa...
  • La conversaciones con Simba. En realidad es una delicia platicar con él. Podemos estar horas conversando de lo que sea y el tiempo no pasa. Existe algo que nos permite mostrarnos tal como somos, sin miedo a hacer o decir algo equivocado. Por ahí leí que cuando puedes conversar así con alguien, en realidad las almas están haciendo el amor. Fabuloso ¿No?

  • Los besos y los abrazos del Grandote. Era mágico, delicioso... y el tiempo no pasaba.

¿y tu? ¿has tenido algún Satori?

¡Yo quiero un gato igual a Mishima!

"Todos estamos dañados según parece, algunos más que otros. Llevamos el daño desde la infancia y luego como adultos, damos lo que recibimos. Finalmente todos hacemos daño y luego nos dedicamos a reparar lo que sea posible"


Simba me dijo alguna vez que todo se reduce a miedo, miedo a resultar lastimados de cualquier forma.

También dice que no tengo una pareja estable porque no me doy la oportunidad. Que ya me había pasado con él y que ahora me estaba pasando con el Potro, tal vez se refería a que busco personas con las que se que no corro el peligro de comprometerme, para evitar salir lastimada.

Algo que me acerca al Potro es que su temperamento es muy similar al que yo tenía a su edad. En muchas cosas somos muy parecidos y pense que bastaría, pero me equivoqué, snif!

Siiiiiiiiii, este sitio va a estar un poco (naaaaah! un mucho) lacrimógeno hasta que haya logrado exorcisar al fantasma del Grandote (mi asistente y yo le apodabamos así al Potro (tiene una estatura de 1.90 cm)).

Yo jamás dije que no estuviera lastimada

Entre tanto, heme aquí escuchando rolas de Edgar Oceranzki mientras entretejo la historia que me tiene tristeando.